Aquí fue donde empecé, me
leo en el futuro. Y como que he vuelto a este comienzo, veo que hice bien en no
buscar más justificaciones. Me puse a escribir y ya, sin pretensiones y sin
promesas.
Y ahora, vuelvo al presente,
es decir al pasado: a este día que doy comienzo a un nuevo blog, quién sabe si
con la misma poca fortuna y continuidad de siempre. Pero que hoy ha hecho un
día de película con final feliz, eso no me lo negará nadie.
Así que me ha dado qué sé yo
como por pensar en los finales tristes, solo por llevar la contraria, y me he
puesto a releer un librito que tenía por aquí encima, uno de Edgar Brau, Woodstock, mientras pinchaba a Jimi
Hendrix
Porque
se trata de celebrar, en verdad: la comprobación,
en
la conciencia de esta atmósfera, de cuán fácil arcilla
son
en realidad los hierros del mundo; el reingreso,
en
los grandes carteles vacíos del firmamento,
de
la escritura que ofrece al ánimo este augurio:
intacta
está la sed, y en las manos, tan intacto, el cosquilleo
de
acción de cuando nos confiaron esa vez las cosas,
de
cuando nos confió esa vez lo mejor el secreto de sus contornos.
Y
mira: he aquí que nos alejamos, he aquí que nuestros pasos
atraviesan
ya la huella de aquellos días donde estuvo el empeño.
Anda
despacio: humillación recogerá siempre en este suelo
la
irreverencia que se pretenda sin memoria.
De Woodstock
Naphta & Settembrini
Buenos Aires, 2005
(Tomado de la página
del autor, Edgar Brau, http://www.edgarbrau.com.ar/index.html)
¡Ah, y qué queda de todo
aquello! Un recuerdo tan solo, que ni siquiera es mío, ni aún de mis padres,
tan chiquitos por entonces. ¡Y si al menos ni siquiera eso!
Así acabo el día, esperando
levantarme sin memoria de todo lo perdido...
No hay comentarios:
Publicar un comentario