domingo, 10 de marzo de 2013

Aquí fue

Aquí fue donde empecé, me leo en el futuro. Y como que he vuelto a este comienzo, veo que hice bien en no buscar más justificaciones. Me puse a escribir y ya, sin pretensiones y sin promesas.

Y ahora, vuelvo al presente, es decir al pasado: a este día que doy comienzo a un nuevo blog, quién sabe si con la misma poca fortuna y continuidad de siempre. Pero que hoy ha hecho un día de película con final feliz, eso no me lo negará nadie.

Así que me ha dado qué sé yo como por pensar en los finales tristes, solo por llevar la contraria, y me he puesto a releer un librito que tenía por aquí encima, uno de Edgar Brau, Woodstock, mientras pinchaba a Jimi Hendrix

Porque se trata de celebrar, en verdad: la comprobación,
en la conciencia de esta atmósfera, de cuán fácil arcilla
son en realidad los hierros del mundo; el reingreso,
en los grandes carteles vacíos del firmamento,
de la escritura que ofrece al ánimo este augurio:
intacta está la sed, y en las manos, tan intacto, el cosquilleo
de acción de cuando nos confiaron esa vez las cosas,
de cuando nos confió esa vez lo mejor el secreto de sus contornos.
Y mira: he aquí que nos alejamos, he aquí que nuestros pasos
atraviesan ya la huella de aquellos días donde estuvo el empeño.
Anda despacio: humillación recogerá siempre en este suelo
la irreverencia que se pretenda sin memoria.

De Woodstock 
Naphta & Settembrini
Buenos Aires, 2005
(Tomado de la página del autor, Edgar Brau, http://www.edgarbrau.com.ar/index.html)




¡Ah, y qué queda de todo aquello! Un recuerdo tan solo, que ni siquiera es mío, ni aún de mis padres, tan chiquitos por entonces. ¡Y si al menos ni siquiera eso!

Así acabo el día, esperando levantarme sin memoria de todo lo perdido...


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